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Lección 8 Para el 22 de Noviembre del 2014

 

   

 

 

LA HUMILDAD DE LA SABIDURÍA DIVINA.

  

 

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AUDIO DE LA LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA. 

 

 

AUDIO PARA CADA DÍA DE LA SEMANA EN MP3

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Lección de Escuela Sabática en PowerPoint.

Cuarto Trimestre del 2014.

 

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Texto de la Lección 8.

de Escuela Sabática Para el 22 de Noviembre del 2014.

Cuarto Trimestre del 2014

 

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LA HUMILDAD DE LA SABIDURÍA DIVINA.

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

SÁBADO 15 DE NOVIEMBRE

 

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:  Santiago 3:13-4:10; Deuteronomio 4:6; Gálatas 5:17; Jeremías 3:6-10, 20; Hechos 19:13-16; Salmos 24:3-6.

PARA MEMORIZAR:  “Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Sant. 4:10).

 

En muchas empresas de tamaño medio y grande existe una “mentalidad de mando intermedio”. Esta actitud ocurre cuando los obreros se sienten con derecho a algo que todavía no tienen: más respeto, un salario más alto, una posición más avanzada, etc. Esta actitud no saludable se desarrolla con el tiempo, cuando la persona procura salir adelante. Los síntomas incluyen observaciones aduladoras hacia quienes hacen decisiones y revelaciones desfavorables hechas acerca de compañeros de trabajo, todo sazonado con un espíritu de rivalidad egoísta. Cuando un conductor importante de los noticieros de la televisión avanzó hasta la cumbre sin destruir a otros para llegar allí, un colega observó con admiración: “No hubo cuerpos muertos”.

Sería lindo pensar que la rivalidad egoísta está confinada a las organizaciones seculares, y que la iglesia funciona sobre otra base. Desafortunadamente, la Escritura indica que demasiado a menudo la “sabiduría” mundana también actúa entre los creyentes.

Esta semana veamos lo que tiene que decir la Palabra de Dios acerca de esta realidad desafortunada.

 

 

DOMINGO 16 DE NOVIEMBRE

 

Sabia mansedumbre

“¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, … con la humildad que le da su sabiduría” (Sant. 3:13, NVI), o con “sabia mansedumbre” (RVR 60).¿Qué puede significar: “Humildad que le da la sabiduría o sabia mansedumbre”?

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Hay comentadores que creen que Santiago 3 habla de lo que capacita (o incapacita) a la gente para ser maestros. Naturalmente, los “sabios y entendidos” serían buenos candidatos, pero la idea parece ser más amplia e incluir a toda la congregación. La sabiduría que describe Santiago en su epístola no es la intelectualidad tan estimada por los griegos y muchos occidentales de hoy. Más bien, es la sabiduría en la conducta y el estilo de vida, como lo indica la palabra griega, anastrofé, traducida como “conducta” (se usa también en 1 Tim. 4:12; Heb. 13:7; 1 Ped. 1:15; 2:12). Nuestra conducta testifica cuán sabios somos. Jesús enseñó lo mismo: “la sabiduría es justificada por sus hijos” (Mat. 11:19).

Nota que el único lugar en el Antiguo Testamento donde aparece la frase “sabios y entendidos” está en la amonestación de Moisés a Israel, de que debían guardar todas los mandatos que Dios les había dado: “Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta” (Deut. 4:16).

Por su parte, la fuente de aguas “amargas” que se menciona en Santiago 3:11 produce “celos amargos y contención” (vers. 14) en la iglesia. Esta última palabra es la traducción de erithéia, que se refiere a la “búsqueda exclusiva de los intereses propios”.−Ceslas Spicq, Theological Lexicon of the New Testament, t. 2, p. 70. Esta actitud parece como la de Satanás en el cielo. A menos que elijamos en forma consciente el morir al yo y entregar nuestra voluntad a Dios, podemos exhibir las mismas actitudes contra las cuales advierte Santiago.

Medita en la frase “la humildad que da la sabiduría”. ¿Cuáles son algunas de las situaciones en que esta sabiduría te resultaría muy útil?

 

 

LUNES 17 DE NOVIEMBRE

 

Dos clases de sabiduría

Lee Santiago 3:15, 16. ¿Cuál es su descripción de la sabiduría mundana? ¿Cuáles son algunas de las manifestaciones comunes de esta “sabiduría” en el mundo, o aun en la iglesia?

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La sabiduría que tenemos naturalmente es la “terrenal”, aun “demoníaca” o “diabólica”, y vacía del Espíritu. Esto no debería sorprendernos. Hace mucho, Salomón habló acerca del “camino … que parece derecho” como el “camino de muerte” (Prov. 14:12; 16:25). Esta sabiduría es destructiva hasta su esencia. Si los celos y la ambición egoísta se cultivan y expresan, el resultado natural será el desorden y la disensión, similar a la situación en Corinto (ver 2 Cor. 12:20, donde se usan varias de estas mismas palabras).

Lee Santiago 3:17, 18; Juan 3:3-7; Colosenses 3:1, 2. Juntos, ¿qué nos dicen estos textos acerca de la sabiduría “celestial”?

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Aunque Santiago nunca se refiere directamente al Espíritu Santo, la idea del nuevo nacimiento está claramente presente. El apóstol parece preferir, en cambio, la metáfora agrícola de sembrar y dar fruto, tal vez basado en las parábolas de Jesús que se refieren a que la palabra se “siembra” en los corazones de la gente cuando oyen el mensaje del evangelio (ver Mat. 13:3-9, 18-23). La sabiduría celestial está “llena de misericordia” y también de “buenos frutos”. Como vimos, a pesar del énfasis en Santiago sobre la obediencia y las buenas obras como fruto de la fe, la misericordia triunfa aun en el juicio (Sant. 2:13). En otras palabras, los verdaderamente sabios no solo serán mansos y humildes como Jesús, sino también pacíficos, amables, misericordiosos y perdonadores, dispuestos a pasar por alto las faltas de otros, a no ser críticos ni a juzgarlos.

Es muy fácil caer en los caminos del mundo, ¿verdad? Examínate: ¿cuánto influye la sabiduría del mundo sobre la forma en que vives, , en contraste con la sabiduría del cielo?

 

 

MARTES 18 DE NOVIEMBRE

 

Causa de guerras y conflictos

“¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos?” (Sant. 4:1, NVI; comparar con Gál. 5:17.)

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Los versículos iniciales de Santiago 4 describen a los creyentes desgarrados por amargas contiendas internas. Hay una causa interior de las peleas exteriores en la iglesia: el anhelo de placeres (la palabra griega aquí es nuestra palabra hedonismo). Estos deseos pecaminosos, que Pablo llama “la carne”, están haciendo una guerra activa contra nuestras motivaciones espirituales más elevadas. La vida cristiana involucra una batalla larga que, si no está gobernada por “la sabiduría que es de lo alto” (Sant. 3:17), se derrama sobre la iglesia misma y provoca traumas espirituales entre los creyentes.

Lee Santiago 4:2, 3. ¿Qué deseos pecaminosos específicos se mencionan, y cómo afectan a la iglesia?

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Estos versículos contienen referencias directas a los Diez Mandamientos: “Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar” (Sant. 4:2). Las referencias al problema de la envidia, la codicia y las pasiones (comparar con Sant. 3:14, 16) reflejan una perspectiva similar a la que expresó Jesús en el Sermón del Monte, en el que se consideran las motivaciones interiores, y no solo las acciones exteriores. Por lo tanto, la referencia a asesinar incluye la ira, en un sentido más amplio. Las primeras congregaciones probablemente no se mataban entre sí. Por otro lado, como nos cuenta el libro de los Hechos, hubo ocasiones, particularmente en Jerusalén, cuando la traición podía haber conducido fácilmente al arresto y muerte de los miembros de la iglesia.

“El amor a sí mismo, es lo que trae inquietud. Cuando hayamos nacido de lo alto, habrá en nosotros el mismo sentir que hubo en Jesús, el sentir que le indujo a humillarse a fin de que pudiésemos ser salvos. Entonces no buscaremos el puesto más elevado. Desearemos sentarnos a los pies de Jesús y aprender de él” (DTG 298).

 

 

MIÉRCOLES 19 DE NOVIEMBRE.

 

La amistad del mundo

Lee Santiago 4:2 al 4. ¿Por qué Santiago llama a sus lectores “almas adúlteras? Ver Jer. 3:6-10, 20; Isa. 54:5; Jer. 2:2; Luc. 16:13.

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Pensando en Israel como la esposa de Dios, Santiago compara la práctica de los creyentes de seguir las costumbres y actitudes del mundo, con adulterio espiritual. En realidad, ellos eligen a un señor y amo diferente.

Santiago 4:5 no es fácil de comprender. Para algunos es el versículo más difícil del Nuevo Testamento. La ambigüedad del texto griego se refleja en las traducciones. Algunos consideran que el “espíritu” es el Espíritu Santo (“el Espíritu… en nosotros… nos anhela celosamente) (RVR60; RVR95) “el Espíritu que Dios hizo habitar en nosotros, suspira… con celos envidiosos”, (VM). Otros consideran que es el espíritu humano (“Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros” (NVI); “tiene deseos ardientes el espíritu que él ha hecho habitar en nosotros” (BJ). Estas últimas traducciones parecen adecuarse mejor a la gramática y al contexto, pero el significado del versículo no es muy claro. Basado en un cuidadoso estudio del griego de los versículos 5 y 6, se podría traducir como sigue: “¿O pensáis que las Escrituras hablan en vano contra la envidia? El espíritu que él ha hecho habitar en nosotros anhela, pero él da más gracia. Por lo tanto, él dice: Dios resiste al orgulloso pero da gracia al humilde” (Sant. 4:5, 6, traducción del autor).

Como lo aclaran en versículos 1 al 4, el espíritu humano (o “corazón”) está saturado con deseos, que sin ser malos en sí mismos, fueron desviados por el pecado a senderos malvados. La gracia es la única solución para esto. El orgulloso no puede recibir con facilidad esa gracia. Alguien dijo que obtenemos gracia como un mendigo que alarga un vasito ante una cascada. Solo uno manso, humilde y que siente su total dependencia, está abierto a la gracia, favor inmerecido otorgado a los que somos indignos. Como escribió Elena G. de White: “Nuestra gran necesidad es lo único que nos da derecho a la misericordia de Dios” (DTG 283).

¿Qué hay en ti que te hace digno de la salvación? ¿Cómo tu respuesta te ayuda a percibir la gran necesidad de gracia en tu propia vida? ¿Cómo la cruz, y sólo la cruz, responde a esa necesidad?

 

 

JUEVES 20 DE NOVIEMBRE.

 

Sumisión a Dios

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Sant. 4:7). Nota el orden de los mandatos aquí. Si tratamos de resistir al diablo con nuestras propias fuerzas, ¿qué posibilidad de éxito tenemos? Cuando siete judíos exorcistas trataron de expulsar un demonio de un hombre poseído usando los nombres de Jesús y de Pablo como una especie de fórmula mágica, el hombre poseído por el demonio los dominó y huyeron desnudos y heridos (Hech. 19:13-16). Por eso, necesitamos someternos a Dios y a su voluntad a fin de resistir al diablo. En realidad, al dar ese paso, estamos resistiendo al diablo.

Al mismo tiempo, no debemos pensar que los primeros lectores de la carta de Santiago nunca antes se habían sometido a Dios. Santiago estaba escribiendo a creyentes profesos. Tal vez necesitamos pensar más en someternos a Dios diariamente y resistir al diablo siempre que sus tentaciones se presenten.

Lee Santiago 4:8 al 10. ¿Qué mandatos da Santiago, y cómo se relacionan entre sí? ¿Además, cómo se conectan con la sumisión a Dios?

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El llamado al cambio en estos versículos es la culminación de todo lo que Santiago estuvo diciendo desde 3:13. En este pasaje, hay contrastes entre la sabiduría celestial y la diabólica, y entre los orgullosos que se exaltan a sí mismos como lo hizo el diablo (ver Isa. 14:12-14) y los humildes que se someten a Dios y se humillan a sí mismos. También hay una acusación de infidelidad al pacto con Dios (Sant. 4:4), y la acusación de tener una mente doble se repite (Sant. 4:8, comparar con 1:8). Por lo tanto, el llamado a someterse a Dios es más que una amonestación moralista; es una invitación a los pecadores a arrepentirse, como lo hizo Jesús (Luc. 5:32).

¿Cómo debemos arrepentirnos? Santiago indica los pasos (basados en Salmos 24:3-6): 1) acercarnos a Dios, y él se acercará a nosotros; 2) limpiarnos las manos y purificar los corazones (acciones así como pensamientos); 3) lamentarnos y llorar por nuestras deficiencias, dándonos cuenta de que nuestra necesidad es nuestro único derecho a la gracia de Dios.

“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Sant. 4:10). ¿Qué significa eso? ¿Cómo aprendes a humillarte? ¿Cómo puedes aprender a imitar la humildad que reveló Jesús?

 

 

VIERNES 21 DE NOVIEMBRERE.

 

Para Estudiar y Meditar:

“Son muchos aquellos cuyo corazón se conduele bajo una carga de congojas, porque tratan de alcanzar la norma del mundo. Han elegido su servicio, aceptado sus perplejidades, adoptado sus costumbres. Así su carácter queda mancillado y su vida convertida en carga agobiadora. A fin de satisfacer la ambición y los deseos mundanales, hieren la conciencia y traen sobre sí una carga adicional de remordimiento. La congoja continua desgasta las fuerzas vitales. Nuestro Señor desea que pongan a un lado ese yugo de servidumbre. […] Los invita a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y les promete que todas las cosas que les sean necesarias para esta vida les serán añadidas” (DTG 297)

Preguntas para Dialogar:

  1. Piensa en las dos clases de sabiduría que vimos en la sección del lunes, y haz una lista de los pensamientos asociados con cada una. Ahora piensa en ocasiones durante esta semana pasada en que hiciste decisiones importantes, o realizaste acciones significativas. ¿Qué clase de sabiduría estuvo involucrada en ellas?

  2. Como vimos el domingo, Dios prometió a Israel que, como resultado de observar sus leyes, las naciones que los rodeaban vendrían a admirarlos como “un pueblo sabio y entendido”. Pero ¿no llevó esto a que Israel estuviera orgulloso? Por supuesto, esto es contrario a la sabiduría celestial, que conduce a la humildad. ¿Qué les sucedió, y cómo podemos aprender a evitar sus errores? ¿Cómo una correcta comprensión del verdadero significado del servicio del santuario ha sido la mejor defensa contra el orgullo? Para nosotros hoy, ¿de qué modo la cruz es la máxima defensa contra el orgullo?

  3. Lee otra vez la cita de Elena G. de White transcrita arriba. ¿Por cuántas normas del mundo nos estamos esforzando? ¿Están esas normas, siempre y necesariamente equivocadas? Muy a menudo podemos leer de personas que, por las normas del mundo, parecen tener todo; y no obstante, sus vidas resultan en un descalabro. ¿Qué debería decirnos esto acerca de cuán engañoso es realmente lo que el mundo nos ofrece? Pero más importante todavía, ¿cómo podemos aprender a resistir al mundo y ayudar a nuestros jóvenes, que pueden ser fácilmente cautivados por las falsas promesas del mundo, a no caer en esta trampa?

  4. Medita en la idea de la humildad. ¿Por qué eso es tan importante en la vida de un cristiano? ¿Por qué el orgullo es mortal para todo el que quiere seguir a Jesús?

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