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Cada día con Dios.
Elena G. de White
Meditaciones para cada día del año
DESEMBARACÉMONOS
DEL PECADO
"El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se
aparta alcanzará misericordia." Prov. 28: 13.
Por un manto babilónico y un miserable tesoro de oro y plata, Acán consintió en
venderse al mal, para acarrear sobre su alma la maldición de Dios, malograr su
acceso a una rica posesión en Canaán y perder toda posibilidad de participar en
el futuro de la herencia inmortal en la tierra nueva.
Tan grande fue su osadía y testarudez que hasta el último momento Josué temió
que sostuviera su inocencia, para obtener la simpatía de la congregación e
induciría a deshonrar a Dios. No habría confesado si no hubiera esperado que al
hacerlo podía evitar las consecuencias de su delito. Esta esperanza le sugirió
su aparente sinceridad al reconocer su falta y al dar los detalles relativos a
su pecado. De esa manera confesarán los culpables sus pecados cuando comparezcan
condenados y sin esperanzas ante el tribunal de Dios, cuando cada caso hay sido
decidido para vida o para muerte. Las confesiones hechas entonces serán
demasiado tardías para salvar al pecador.
Hay muchos profesos cristianos cuyas confesiones son semejantes a la de Acán.
Desean, en general, reconocer su indignidad, pero no quieren confesar los
pecados que gravitan sobre su conciencia, y que han contribuido a que Dios esté
enojado con su pueblo. Así muchos ocultan pecados de egoísmo, abuso,
deshonestidad hacia Dios y su prójimo, pecados en el seno de la familia, y
muchos otros que corresponde confesar en público.
El arrepentimiento genuino proviene de una comprensión del carácter ofensivo de
pecado. Estas confesiones generales no son el fruto de una verdadera contrición
ante Dios. Dejan que el pecador, lleno de un espíritu de complacencia propia,
siga adelante como en lo pasado, hasta que su conciencia se endurece, y las
amonestaciones que antes lo alarmaban apenas producen una impresión de peligro,
y después de un tiempo su conducta pecaminosa les parece normal. Demasiado tarde
sus pecados los alcanzarán, en el día cuando no puedan ser expiados ni con
sacrificios ni con ofrendas. Hay una enorme diferencia entre admitir ciertos
hechos después de haber sido probados, y la confesión de pecados conocidos
solamente por nosotros y Dios ( Signs of the Times , 5 de mayo de 1881).
LECTURA DE AYER LECTURA
DE MAÑANA
Tomado de Cada Día
con Dios, pág.
135.
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