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Cada día con Dios.
Elena G. de White
Meditaciones para cada día del año
PERFECTOS EN EL
"Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es
perfecto. "Mat. 5: 48.
Dios requiere perfección moral en todo. Los que han recibido luz y oportunidades
deberían, como administradores de Dios, apuntar hacia la perfección, y nunca,
nunca rebajar la norma de la justicia para acomodarla a las tendencias hacia el
mal, ya sean heredadas o cultivadas. Cristo tomó nuestra naturaleza humana y
vivió nuestra vida para demostrarnos que podemos ser semejantes a él al
participar de la naturaleza divina. Podemos ser santos, como Cristo lo fue en su
condición de ser humano. ¿Por qué, entonces existen tantos personajes
desagradables en el mundo? Se debe a que se imaginan que su desagradable y tosca
manera de ser y su lenguaje descortés son el resultado de un corazón impío. . .
La fragancia de nuestro amor hacia nuestros semejantes revela nuestro amor a
Dios. La paciencia en el servicio imparte descanso al alma. Por medio de obreros
humildes, diligentes y fieles se promueve el bienestar de Israel. Dios sostiene
y fortalece a quien está dispuesto a aprender los métodos de Cristo para lograr
la semejanza divina.
Dios quiere que los obreros de cada rama de trabajo lo consideren el Dador de
todo lo que poseen. Todos los inventos útiles y las mejoras adecuadas tienen su
origen en Aquel que es maravilloso en consejo y excelente para obrar. No importa
qué hagamos, no importa en qué departamento de la obra estemos ubicados, Dios
anhela refinarnos y ennoblecernos. Anhela controlar la mente del hombre para que
pueda hacer un trabajo perfecto.
El suave toque de la mano del médico, su poder sobre los músculos y nervios, sus
conocimientos acerca del delicado funcionamiento de nuestro cuerpo, es sabiduría
que proviene del poder divino para ser usada en favor de la sufriente humanidad.
La habilidad con que el carpintero usa el martillo, el vigor con que el herrero
hace sonar el yunque, provienen de Dios. Le ha dado capacidades a los hombres, y
espera que ellos lo busquen para requerir su consejo. Así podrán usar sus dones
con exactitud y pericia dando testimonio, para gloria de Dios, de que son sus
colaboradores. De este modo purificarán sus almas por la santificación que les
imparta el Espíritu por medio de la verdad. En su experiencia se cumplen las
palabras de Cristo: "Los de limpio corazón verán a Dios" (Véase Mat. 5: 8.) (
Carta 9 , del 24 de enero de 1889, para los que ocupan cargos importantes en la
Asociación General).
LECTURA DE AYER LECTURA
DE MAÑANA
Tomado de Cada Día
con Dios, pág.
25.
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